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CARTA A MODO DE BIOGRAFÍA: Homenaje N°2

  • Marie
  • 1 jun 2024
  • 6 Min. de lectura

Actualizado: 23 ago

SILVIA


UNA MULTIFACÉTICA FÉMINA PLATENSE DEVENIDA MOQUEHUINA.

 

      

       No me alcanza un libro para hablar de vos, querida amiga.


       En Moquehue, con la luz viajera del sol que se filtraba temprano por los marcos de la ventana de tu cuarto, en esa cabaña, auténtica obra de arte vanguardista, construida en dedicada labor, en el enaltecimiento a los ritmos lugareños, por vos y tu pareja, compartías fotos de tus amaneceres.

      Casi siempre despertabas temprano, desayunabas por lo menos dos veces. Eso lo contabas en tus mensajes, mientras ibas escuchando, con o sin auriculares, los avatares de la política nacional, entre aromas de café recién hecho o infusiones que abrigaban el alma.

    Eras una auténtica alquimista, elaborando cosmecéutica, cosmética natural, con la exigente exactitud, propia de tu formación científico profesional como farmacéutica, a la vez que tus conocimientos de fitoterapia natural. Cuánto aprendimos de vos todas tus amigas y conocidas. No olvidaré esos frascos de vidrio oscuro de boticario, cada rótulo prolijamente escrito, las etiquetas con la fórmula y principios activos, esas mini balanzas antiguas o modernas de máxima precisión, los cuidadosos cálculos de cantidades en cada preparado de tinturas madres, cremas, geles, protectores labiales, lociones, pastas dentales.

     Cuando te conocí, hace unos once años, vos y el Pela tenían un emprendimiento basado en la vida slow, inspirado según me explicaste en los principios del libro Elogio de la lentitud, del autor Carl Honoré, que enfatiza la necesidad de disfrutar cada momento a un ritmo sereno, privilegiando la calidad a la cantidad, con eje en saborear los minutos y segundos, en vez de contarlos.

Ese restaurant antisistema fluía al calor de la gran salamandra, los aromas de la cocina creativa y las cervezas autóctonas de tu compañero de vida, entre notas de chelo. Con tu presencia, enérgica y a la vez sensible, recibías, en forma personalizada, a cada visitante. Abrías tu netbook, compartías fotos con notas de color sobre cada piedra colocada en aquella cabaña, los sectores con adobe, el pretendido formato octogonal de la construcción que no llegó a ser, cada artesanía hogareña, las telas recreadas en cortinas, los primeros inviernos, y algunos vecinos que se allegaron a colaborar en instancias del proceso.

      Narrabas la venida desde La Plata, el largo viaje por pueblos de la Patagonia y la decisión de elegir este paraje para habitar. Atrás había quedado la farmacia de la gran urbe. Sin embargo, en dos momentos, también asumiste ser farmacéutica en Pehuenia y casi a lo postremo, una última incursión en Zapala, como directora técnica, muy breve tiempo. Cuantas enseñanzas habrás dejado, desde tu impronta ética.


      En este acto de escribir que fluye, se corta la energía eléctrica, frecuente emergente de estos lares. Justo la notebook se queda sin batería. Hago una pausa. Resignifico tus múltiples facetas: mujer, madre, abuela, profesional, amiga, vecina, en jubileo, voz empoderada de ideales, valores y derechos, que brotan con vehemencia ante cada injusticia percibida, tu lado intuitivo. Y esa ancestralidad irlandesa latente en tu apellido y tu temperamento.

      Recuerdo cuando preparabas las sorpresas para el primer cumple de tu nieta Lila aquí. Eras tan versátil en decorar ocurrentes tortas que reflejaran con fidelidad los gustos de tus nietos. Los viajes que compartimos a San Martín de Los Andes y Bariloche, para que Lila conozca nuevos lugares, las charlas sobre ser una mujer con autonomía, conducentes a tu nieta. Varias veces pasaste frente a casa con Milo, tomado de la mano, y me invitaste a sumarme a la caminata, y acompañarlos al lago o a la plaza de juegos.


Rememoro también los consejos a tu hijo y a tu nuera para que se instalen en Pehuenia donde sus hijos contarían con más posibilidades de actividades y amistades, siempre tan exiguas en Moquehue.

También cada uno de los chats de Instagram compartiendo ideas de ropa con estilo propio y animoso para esta etapa de plenitud.


No imaginé, entonces, en medio del trajín cotidiano al estar trabajando más de 8 horas fuera de casa, sin contar los tiempos de traslado, y la preparación de las clases, o durante mi nueva vida en jubileo, que partirías antes, a otro plano, dejando esa sensación de incredibilidad en la mayoría de quienes te conocimos. De haber sabido, hubiera prestado más atención a cada frase, consejo, sugerencia, y a cada principio de la medicina natural. Ni hablar que cuando vi la serie sobre las Tierras Altas de Escocia pude reconocer cada principio activo de la medicina que la protagonista, en sus viajes en el tiempo, aplicara. La equinácea en los estados gripales, árnica para lo muscular, cardo mariano al alivianar la función hepática, y tantos otros.


Hablar de vos, en mi calidad de amiga es hacerlo en forma completa. Eso incluye lo luminoso, las potencialidades, y lo sombrío. Todo hace a nuestra endeble y finita humanidad.

Bajo una coraza fuerte se alojaba un corazón de oro. Había tanta fragilidad, sólo expresada a los afectos cercanos.

A veces afloraban en vos viejas voces internas de tu madre, alguna herida que se abría… y entonces hacías arte: pintabas la silla hamaca de ella que aún conservabas, o las columnas de tu cabaña. Un colibrí, entonces, se acercaba a tu ventanal. Llorabas, y escribías un mensaje, o me visitabas para contármelo. En otras ocasiones un alejamiento fugaz de tu hermano, al crepitar de un debate acalorado sobre política. Y cuando no, un pequeño cortocircuito con algunas de tus amigas. Conmigo fue con la que casi no te enojaste.

Solo nos distanciábamos un tanto cuando yo viajaba por trabajo, a radicarme breves meses en otra ciudad, o cuando me zambullía en una relación.


En otro instante fugaz, el recuerdo de tu época de estudiante en dictadura… y allí aparecía la militante, la activista, de intensas e inquebrantables convicciones

De repente, traías fotos de tu juventud y de aquellas amigas que yo no conocía. Sus vidas, charlas, música y vestimentas.

Nos pasábamos el nombre de series y películas que íbamos viendo, compartíamos su análisis, hablábamos del personaje con el cual cada una se sentía identificada.


Recuerdo las caminatas compartidas que se habilitaron durante la apertura del encierro en pandemia. En particular aquella en la que viéramos huellas de un puma y rastros de la liebre que éste seguía, sobre los noventa centímetros de nieve que había caído, donde apenas asomaban las puntas de los cercos. Un verano muy caluroso, conocí en un total de nueve horas, entre ida, vuelta, picnic y remojo de pies en los fríos arroyos del deshielo, el sitio que diste en llamar Feng Shui, mágico lugar poco frecuentado, con plantas bellísimas desconocidas para mí, cuyo nombre científico y vulgar ibas describiendo, como solías hacer en cada caminata.


Como toda mujer, viviste la fragilidad en el amor, propio y en relación al otro, en esas contradicciones que atraviesan a toda existencia.

En tu necesidad de intervenir desde el control de algunas situaciones, caías en los boquetes emocionales más profundos del bajo astral, tan inherentes a las condiciones de lo femenino y a las contradicciones propias, individuales, colectivas y culturales que nos cruzan.


Creo en los sueños y sus mensajes. Un mes antes de tu paso a otra forma de vida, soñé que iba a tu casa. No estabas. Quien abrió la puerta fue Bibi, mi otra gran amiga moquehuina que partió de esta existencia física. Yo vivía entre extrañada y confusa esa situación del sueño. Posiblemente fuera una premonición. Recuerdo que en el mes de julio me contaste que soñabas acerca de tu papá, tu mamá y tu amiga también llamada Silvia que habían partido. Y los interrogantes. ¿Por qué estarías soñando sobre ellos?


Lo más bonito, y seguramente significativo para vos, haya sido que al final de esta vida, al partir estuviste acompañada por tu amado compañero los últimos instantes.


Desde el afecto siento que te haría un monumento, no solo dándote las gracias por la amistad que pude disfrutar, sino por el compromiso con tu labor, en la generosidad al compartir tus saberes, como pionera entre las farmacéuticas locales, y como mujer consciente de su poder. Aunque pienso que un monumento es algo duro, rígido como para reflejar de manera respetuosa y desde el sentir, las múltiples circunstancias de una vida tan rica. Por ello, el homenaje es desde la escritura, con vida, desde las memorias.


Marie

 

 
 
 

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